Estilo propio vs. versatilidad
Seba Molina me invitó a su programa Desayuno con Diseñadores y le dije que sí sin dudarlo! Después aparecieron los nervios!!! Y después no quería que termine! Fue una conversación que resultó super interesante y me dejó pensando.
La pregunta que disparó todo fue simple, en apariencia…: ¿conviene desarrollar un estilo propio o ser versátil para adaptarse a lo que pide el cliente?
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El estilo como herramienta
Una de las primeras cosas que concluimos fue que tener un lenguaje visual propio se convierte en una herramienta:
Cuando mostrás coherencia visual, pasan varias cosas:
- te diferenciás en un mercado donde muchos se parecen,
- filtrás consultas (y eso, lejos de ser un problema, es bueno!), y
- empezás a atraer proyectos donde ya hay una camino allanado: ese cliente ya se identificó con tu trabajo.
Cuando trabajás desde la afinidad, las soluciones que desarrollás tienen otro nivel de profundidad, y tenés más herramientas para aportar valor.
Dicho esto, el estilo no es una excusa para rechazar toooodo lo que no encaje perfectamente con tu perfil. Ahí es donde es importante hablar de la Versatilidad.
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La versatilidad como ejercicio
El diseño es un servicio. Implica interpretar necesidades de un otro, trabajar con presupuestos, tiempos reales, con marcas que pueden necesitar lenguajes que están muy lejos de lo que haríamos si nadie nos pusiera condiciones. Y ahí la versatilidad es clave. Ejercitarla permite ampliar recursos. Nos enriquece. Y luego, en aquellos proyectos que nos resulten más afines, podremos desarrollar más variables e innovar, y así evitar repetirnos.
IMPORTANTÍSIMO: cuando uno recién empieza a trabajar, tomar distintos tipos de proyectos es clave! además de entrenarnos, nos permite conocer distintas aplicaciones de nuestra disciplina y encontrar nichos que no teníamos en el radar y en los que podemos ser muy bueno profesionales!
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Lo que nadie te dice sobre el estilo: Spoiler alert!: NO SE BUSCA!
En la conversación me preguntaron por ‘mi estilo’.
El estilo que «dicen que tengo» no fue una decisión. No hubo un momento en que me senté y dije «a partir de ahora voy a hacer las cosas así». Surgió con el tiempo, de forma bastante orgánica, honesta, de sostener una metodología de trabajo, una coherencia y de llevar, en paralelo al trabajo para terceros, mis proyectos personales.
El estilo se construye haciendo, equivocándose, insistiendo.
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Entonces, ¿cuál es la respuesta?
Desde mi humilde punto de vista: no lo plantearía en términos binarios. Blanco o negro. No son opuestos.
El estilo propio es lo que te posiciona, lo que te hace reconocible, lo que atrae a las personas que realmente quieren trabajar con vos. La versatilidad es lo que te permite crecer como profesional, ampliar tu caja de herramientas y no quedar atrapado en una sola forma de dar respuestas.
