Café cuando en realidad necesitás dormir?
En diseño veo un fenómeno muy parecido:
Pedidos de piezas específicas de diseño, que no resuelven de la manera más eficiente la necesidad que realmente se tiene.
El cliente conoce su rubro. El diseñador aporta criterio para encontrar la solución adecuada.
Una de las habilidades más importantes que debe desarrollar un diseñador gráfico o comunicador visual profesional es saber escuchar, indagar y detectar si aquello que el cliente está pidiendo es realmente lo que necesita.
El cliente conoce su negocio, su producto, su público y su contexto como nadie!. El diseñador, por su parte, aporta otro tipo de conocimiento: criterio de diseño, lenguaje visual, recursos de comunicación y conocimiento técnico.
Nuestra responsabilidad no es simplemente ejecutar una pieza. Es entender el problema y, a partir de ahí, desarrollar la solución más adecuada y eficiente posible.
Antes de diseñar, hay que entender qué hay que resolver
A lo largo de mi carrera me he encontrado con infinidad de situaciones en las que el pedido inicial del cliente no era necesariamente la respuesta al problema que tenía.
Uno de los ejemplos más significativos que más recuerdo es el de un espacio cultural de la ciudad de Santa Fe.
El problema era concreto: las personas no entraban.
El pedido fue diseñar un cartel grande y llamativo que dijera:
ABIERTO
Parecía una solución bastante directa.
Pero antes de diseñarlo, había que mirar qué estaba pasando realmente.
Al observar el espacio, aparecieron varias señales que comunicaban exactamente lo contrario:
- una reja negra, muy alta, apenas entreabierta;
- una puerta de entrada muy retirada del frente, que dificultaba ver el interior;
- ventanas lejanas desde las que el espacio parecía apagado.
Todo el conjunto producía una sensación bastante clara:
CERRADO.
En ese caso, el problema no se resolvía con un cartel.
No todo problema de comunicación se resuelve con diseño gráfico
Hay situaciones en las que la respuesta no está en diseñar una nueva pieza de comunicación visual.
En el ejemplo anterior había barreras físicas mucho más potentes que cualquier recurso gráfico. La forma de acceso, la visibilidad del interior y la percepción general del espacio estaban interfiriendo con el objetivo de convocar personas.
Un cartel que dijera “ABIERTO” podía ser más llamativo, pero difícilmente iba a resolver por sí solo el problema.
Esto también forma parte del trabajo profesional: reconocer cuándo el diseño puede intervenir y cuándo el problema excede sus posibilidades o sus incumbencias.
Y también existe otra situación muy frecuente:
el diseño sí puede resolver el problema, pero quizás no de la manera en que fue solicitado.
Cuando el pedido inicial no es la solución más eficiente
Por ejemplo, un cliente pide un packaging específico para cada variedad de su producto.
A primera vista, parece sencillo: desarrollar un envase diferente para cada una.
Pero al indagar cuánto está dispuesto a invertir, en qué etapa de desarrollo se encuentra el producto y qué posibilidades tiene de ampliar su línea, aparece otra alternativa.
Quizás la solución más adecuada sea un único packaging, bien diseñado y lo suficientemente versátil como para convivir con un sistema de etiquetas que permita identificar cada variedad.
Así, puede sumar nuevas variedades cuando quiera, sin tener que rediseñar y producir un packaging diferente cada vez.
La solución no solamente responde al pedido inicial. Responde a las posibilidades reales de desarrollo del proyecto.
Ahí es donde el diseño deja de responder a un pedido de manera reactiva y empieza a responder al problema completo.
El trabajo del diseñador empieza antes de “ponerse a diseñar”
Esta capacidad se adquiere y se perfecciona con con la experiencia.
Quienes llevamos años trabajando en diseño gráfico y pretendemos ejercer nuestra profesión de manera seria sabemos que una parte fundamental del trabajo sucede antes de ‘ponernos a diseñar’.
Y digo “ponerse a diseñar” entre comillas porque me refiero a esa idea bastante instalada en el imaginario colectivo: la del diseñador sentado frente a la computadora, eligiendo arbitrariamente o según sus gustos personales, colores, tipografías e imágenes hasta encontrar la combinación “más linda”.
El proceso empieza bastante antes. En las primeras conversaciones con el cliente. Haciendo las preguntas necesarias para entender qué necesita realmente y qué está dispuesto a encarar.
Todo ese trabajo permite tomar mejores decisiones después.
Aceptar el pedido literalmente sin preguntarnos qué problema intenta resolver sería reducir nuestro trabajo a la mera ejecución.
El aporte profesional del diseñador está ver más allá, detectar relaciones que quizás el cliente no tiene por qué conocer y proponer una solución que tenga sentido dentro de ese contexto.
Cuando logramos potenciar en un diálogo el conocimiento del cliente de su rubro y los saberes del diseñador, es posible encontrar soluciones más pertinentes, eficientes y sostenibles.
El mejor diseño no es necesariamente el más lindo.
El mejor diseño es el que entiende el problema y desarrolla la mejor solución posible dentro de las condiciones reales del proyecto.

